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martes, 13 de enero de 2009

la luna


La luna se puede tomar a cucharadas
o como una cápsula cada dos horas.
Es buena como hipnótico y sedante
y también alivia
a los que se han intoxicado de filosofía
Un pedazo de luna en el bolsillo
es mejor amuleto que la pata de conejo:
sirve para encontrar a quien se ama,
para ser rico sin que lo sepa nadie

y para alejar a los médicos y las clínicas.
Se puede dar de postre a los niños
cuando no se han dormido,
y unas gotas de luna en los ojos de los ancianos
ayudan a bien morir.

Pon una hoja tierna de la luna

debajo de tu almohada
y mirarás lo que quieras ver.
Lleva siempre un frasquito del aire de la luna
para cuando te ahogues,
y dale la llave de la luna
a los presos y a los desencantados.

Para los condenados a muerte
y para los condenados a vida
no hay mejor estimulante que la luna
en dosis precisas y controladas.



Y así suena recitado por Sergio




lunes, 4 de febrero de 2008

no quiero convencer a nadie, de nada



No quiero convencer a nadie de nada. Tratar de

convencer a otra persona es indecoroso, es atentar contra

su libertad de pensar o creer o de hacer lo que le dé la

gana. Yo quiero sólo enseñar, dar a conocer, mostrar, no

demostrar. Que cada uno llegue a la verdad por sus propios

pasos, y que nadie le llame equivocado o limitado. (¡Quién

es quién para decir "esto es así", si la historia de la

humanidad no es más que una historia de contradicciones y

de tanteos y de búsquedas?)


Si a alguien he de convencer algún día, ese alguien ha de

ser yo mismo. Convencerme de que no vale la pena llorar, ni

afligirse, ni pensar en la muerte. "La vejez, la enfermedad

y la muerte", de Buda, no son más que la muerte, y la muerte

es inevitable. Tan inevitable como el nacimiento.


Lo bueno es vivir del mejor modo posible. Peleando, lastimando,

acariciando, soñando. (¡Pero siempre se vive del mejor modo

posible!)


Mientras yo no pueda respirar bajo el agua, o volar (pero de

verdad volar, yo solo, con mis brazos), tendrá que gustarme

caminar sobre la tierra, y ser hombre, no pez ni ave.


No tengo ningún deseo que me digan que la luna es diferente

a mis sueños.

miércoles, 26 de diciembre de 2007

esperando...


Espero curarme de ti en unos días. Debo dejar de fumarte, de beberte, de pensarte. Es posible. Siguiendo las prescripciones de la moral en turno. Me receto tiempo, abstinencia, soledad.


¿Te parece bien que te quiera nada más una semana? No es mucho, ni es poco, es bastante. En una semana se puede reunir todas las palabras de amor que se han pronunciado sobre la tierra y se les puede prender fuego. Te voy a calentar con esa hoguera del amor quemado. Y también el silencio. Porque las mejores palabras del amor están entre dos gentes que no se dicen nada.


Hay que quemar también ese otro lenguaje lateral y subversivo del que ama. (Tú sabes cómo te digo que te quiero cuando digo: "que calor hace", "dame agua", "¿sabes manejar?", "se te hizo de noche"...Entre las gentes, a un lado de tus gentes y las mías, te he dicho "ya es tarde", y tú sabías que decía "te quiero".)


Una semana más para reunir todo el amor del tiempo. Para dártelo. Para que hagas con él lo que tú quieras: guardarlo, acariciarlo, tirarlo a la basura. No sirve, es cierto. Sólo quiero una semana para entender las cosas. Porque esto es muy parecido a estar saliendo de un manicomio para entrar a un panteón.