viernes, 16 de octubre de 2009

lisboa


Lisboa es rara, Javier. Es una ciudad de la que tengo recuerdos de cosas que no he vivido, pero eso me hace ir despacito, más tranquila, con dos dedos. Torpe, pero acertando en las letras que quiero dar. Estoy tranquila, por fin. Al menos ya no siento que me muero por dentro, eso es bueno, no?

Y tengo ganas, pequeñas, pero ganas de empezar otra vez y olvidar que ésta y cualquier ciudad está a veces tan triste como yo y notar que estoy cambiando, aunque sólo sea un poco. Bueno, si es mucho, mejor.

¿Has visto que egoístas nos volvemos cuando estamos solos? Espero que tu novio el médico tenga cura para el egoísmo. ¿Tú crees que nos enamoramos sólo para no estar solos?.
Yo creo que me he enamorando de un chico, bueno de su cogote. Me encanta el cogote de un conductor de tranvía que no conozco.

Espero que lo que tienes ahora sea lo que siempre soñaste tener. ¿Dónde irán los sueños cuando no los conseguimos?, porque a algún sitio tienen que ir... Aunque creo que al final los sueños no son más que una excusa, pero una excusa muy gorda; son la excusa para vivir.

Por eso, a veces, también se convierten en la mirada nostálgica de lo que nunca fuimos. ¡Qué putada, Javier!. Asumir que nunca serás lo que siempre deseaste, ni esperarlo siquiera. ¡Joder! Deseo, deseo, deseo, deseo.

Quiero con todas mis fuerzas ser feliz. Y, con eso, hacer un poquito felices también a los que me rodean, eso es lo que siempre quise.

¡Ay! Qué bien, qué bien Lisboa, Javier.

Beso




Buen fin de semana!
Nos leemos en unos días