
No existe una solución fácil para detener esta cruel enfermedad pero los profilácticos y la educación son la mejor combinación conocida en materia de prevención, y no está demostrado que ello resulte en un aumento de una actividad sexual de riesgo.
Puede que no sirva de nada pedirle a la Iglesia Católica que cambie su posición en relación a este asunto, pero debemos exigirle que cese este tipo de declaraciones contra estrategias de prevención sanitaria cuya eficacia está probada.
La afirmación del Papa de que la distribución de preservativos no es un mecanismo de prevención eficaz contra el virus del SIDA no es un argumento sustentado por los que sí conocen la realidad. Por contra, puede llevar a una disminución en el uso de los profilácticos, lo cual sería mortal para miles de personas.
25 millones ya han fallecido y 12 millones de niños son huérfanos a causa de esta enfermedad, quizá deberían dedicarse a su labor sin entorpecer la de otros.